Peña Colorada: La gratitud y la fidelidad de un pueblo

Peña Colorada: La gratitud y la fidelidad de un pueblo

17 diciembre, 2018 No Por REDACCION

Por: Dimas Romero
Dirigente Estatal del Movimiento Antorchista en Oaxaca.

“Señor Don Quijote:
¡Dame tu armadura,
tu lanza y tu escudo,
tu fuerza y tu honor!…
Quiero por el mundo
Pasear mi locura…”

Toto-Kua´a (Peña Colorada), agencia municipal de San Juan Ñumí, Tlaxiaco, enclavada en la serranía de la Alta Mixteca Oaxaqueña, a la que se llega tras cuatro largas horas de sinuoso camino desde la capital del estado, sigue por la senda del progreso a 28 años de su fundación, como lo indica la inauguración de la calle San Luis Potosí llevada a cabo hace apenas unos días, obra gestionada por el Movimiento Antorchista de Oaxaca.

Provoca admiración observar a cientos de indígenas mixtecos de pequeña estatura, morenos, inexpresivos y de rostro taciturno, facciones forjadas por las condiciones de vida llenas de adversidades; se antoja un solo adjetivo para describirlos: estoicos, pues encarnan el necesario estoicismo para poder sobrevivir en estas tierras de una ingrata orografía, con inacabables cerros, en los que sólo alguien con temple, con amor a su tierra, pero sobre todo sin otro lugar a donde ir, podría edificar su hogar. Entonces, necesariamente se recuerda el contraste de esta comunidad con las chozas encontradas en el camino en el que no existen propiamente las poblaciones, sino una casita en este cerro, una choza en el otro, un intento de rancho más allá, y así por kilómetros.

Al escuchar el mensaje del invitado principal, el mutismo de los pobladores desconcertaba hasta amilanarnos, no se sabía si estaban o no de acuerdo con lo que se decía, no había un sólo rostro que diera señales para responder la interrogante. Oí al orador decir que por 28 años han caminado de la mano de Antorcha, también, que apenas hace unos meses, seis personas de esta pequeña comunidad de reubicados, fueron asesinadas en el marco de un añejo conflicto agrario del núcleo de Yosoñama al que esta comunidad pertenece. Y de nueva cuenta las interrogantes: ¿Qué motiva a esta gente a seguir organizada y luchando después de 28 años? No logro responderlas basado en la expresión de los habitantes de la comunidad. Terminó el discurso y quien lo emitió se despedía visiblemente emocionado, les dijo que por necesidad de la lucha se trasladaba a otro estado a seguir defendiendo a los pobres de México desde las filas de Antorcha.

Alguien entre los espectadores pidió el uso del micrófono, se observó a un hombre mayor, con una asombrosa e inesperada formalidad en sus expresiones y ademanes, se presentó y saludó a los invitados de honor y a sus paisanos. Narró brevemente la historia de su pueblo, mencionó a quienes eran sus autoridades en ese entonces, hace 28 años, cuando de visita en una comunidad vecina escucharon de una organización que había gestionado obras que el gobierno no les había querido resolver, una organización que defiende a los pobres, les dijeron. No dudaron y platicaron con sus vecinos para invitar a la mencionada organización a que viniera a su comunidad para ayudarlos, entonces, les propusieron reubicarse y compactar la zona habitacional para poder introducir los servicios, y a pesar de las dificultades que representaba para los habitantes mayores el salir de sus hogares para empezar de nuevo, decidieron hacerlo. Poco tiempo después empezó a llegar el progreso, se hizo el actual camino de terracería, se introdujo la energía eléctrica, el agua potable, etc. Con una impactante claridad, este hombre humilde narró el paso de su pueblo por la senda del progreso, y en la cumbre de su discurso, apareció la gratitud, dijo que los pobladores agradecían por su conducto al hombre que encabezó su lucha por casi tres décadas, al ingeniero Gabriel Hernández García, quien ese día se despedía de ellos, le agradecieron con ese evento su liderazgo, su ayuda, su compañía, les dolió enterarse de su partida, pero le desearon parabienes; le ratificaron así, que seguirían al lado de Antorcha como él les enseñó, que ahora tienen claro que sólo hay un camino para los pobres: el de la organización y la lucha. Su voz se quebró; seguramente la nuestra lo hubiera hecho también. Es imposible permanecer indiferente ante tamaño homenaje. Por pueblos así, por hombres así, bien vale la pena dar la vida.

Se dieron las doce del día, el evento terminó, nos trasladamos a la calle que se inauguraba; de pronto, se rompió el silencio, la algarabía y el regocijo de inquietos niños se desbordaron por el concreto hidráulico, aún sin usarse, de la calle que conectará las escuelas con la plaza principal de este pueblo indígena, vi los afables y familiares saludos que prodigaban al ingeniero y a quienes lo acompañamos, y entonces comprendo: la seriedad en el evento era muestra de respeto hacia sus líderes y su organización, y el mensaje del campesino, no sólo es gratitud y fidelidad, es conciencia de clase y convicción de luchar a pesar de saber que la muerte acecha en los alrededores. La pregunta de por qué siguen firmes en su organización ha sido respondida, es la conciencia que se logra inculcar en los pueblos cuando se les educa políticamente.

Un servidor que empieza a conocer a este pueblo, no puede sino estremecerse hasta la médula con las grandes lecciones que los pueblos humildes, en su hora histórica, prodigan a los hombres que serán, y que en ese continuo devenir, los llevarán a puerto seguro por la senda del progreso.