Alejandro Aparicio, a contracorriente del poder cultural en Oaxaca

Renato Galicia/PressLibre

“En contra de las personas que tienen el poder cultural en el estado y hacen invisibles a los escritores oaxaqueños –incluyendo a quienes realizan proyectos en forma–, pero se llevan los aplausos” con “una feria del libro que aparentemente es de Oaxaca pero nada que ver”, nace la Feria de Indigentes y del Libro de Oaxaca (DILDO).

Esta propuesta que ya está en marcha es la reaparición del editor de los sellos Astromelia y Ediciones Libres, así como escritor oaxaqueño, Alejandro Aparicio Morales –a quien en redes sociales habían puesto ya del lado moridor, pero nada más no–, en el escenario local luego de un impasse por una pérdida definitiva como sólo puede serlo la muerte de la madre, y es también el canto de batalla de este personaje que se denomina “poeta de la calle” o “poeta indigente” –y no “poeta porno de Oaxaca”, como alguna vez lo quisieron encasillar y veladamente discriminar, porque la sexualidad sigue siendo un tema tabú aquí y allá— del que dio un preámbulo en un texto publicado en su página de Facebook oficial:

https://www.facebook.com/profile.php?id=100053767487617

–Es la pérdida definitiva, la muerte de la madre— se le comenta.

–Diría que vamos teniendo diferentes pérdidas para prepararnos para la definitiva, que en mi caso ha sido ésta, pero vienen nuevas, siempre estamos perdiendo algo en la vida—sentencia.

Alejandro Aparicio no se define como “underground” porque “eso es muy gringo”, sino como un “poeta apestado o indigente” para los que tienen el poder: “soy un poeta indigente porque toda mi vida he estado llevando mis poemas a la calle, al centro histórico, con megáfono. En un inicio imprimía mis poemas en papelitos de reciclaje y los obsequiaba a las personas que pasaban, pues siempre he buscado una relación muy personal con mis lectores”.

Hace 20 años comenzó su camino en la escritura y, posteriormente, la edición. “Antes de plantarme como poeta –una palabra muy complicada y difícil de ponderar porque para serlo se necesita más que publicar un libro o ponerse la etiqueta–, me inicié como observador y comencé a ir a las ferias del libro, donde lo que más notaba era la arrogancia de los escritores. Con el tiempo pasé de estar entre el público al panel y comencé a darme cuenta que la mayoría de la poesía de Oaxaca es un poco falsa, que estaba súper dividida entre la muy formal y la ‘underground’, como tú dices, y que yo llamo indigente”.

Con beca, Alejandro Aparicio estudió primero en la Universidad de las Américas, en Puebla, y después en la Universidad del Claustro de Sor Juana, en la Ciudad de México, la carreta de letras.

En la primera entrevió lo que era el poder, convivió con el hijo del político, vio cómo le aventaban las tortas a los pobladores en mítines y sobre todo supo que eso no era lo suyo.

La segunda fue su alma mater y lo impulsó en su trayectoria, durante su residencia ahí, caminó las calles de la Ciudad de México, entró a sus cantinas, vio pasar a un hombre ensangrentado por la herida de un cuchillo, refrendó su impulso vital por la calle.

En 2008 regresó a Oaxaca. En un momento dado experimentó con “la poesía en su sentido muy formal, si se puede llamar así, y cuál fue mi sorpresa que cuando empecé a dar lecturas, la gente no se identificaba conmigo, pues esa era poesía para los maestros, esos que te decían que qué bien”.

En 2011 se unió al grupo de poetas denominado “postcorrientistas”, que en un principio “fue para echar desmadre, tomar cerveza, ligar”, pero que a él le sirvió de base y para unir no sólo a poetas sino a narradores, pintores, personas de la cultura que querían hacer cosas, manifestarse”.

Fue cuando comenzó a escribir sobre un tema que “todavía es muy cabrón” y por el que ha padecido “un poco de discriminación: el de la sexualidad”. Con algunos libros publicados al respecto, entre ellos un manual de masturbación, lo empezaron a llamar “el poeta porno de Oaxaca”.

–En el norte se supone que son más “persignados”, pero surge un Carlos Velázquez, Charlyfornication, y se vuelve figura; aquí en Oaxaca la masturbación es tabú, se le comenta a Alejandro, y luego se le pide que platique por qué se decidió a ser un “poeta indigente”, un “poeta de la calle”.

–Crecí en Hacienda Blanca, vivo ahí. Infancia es destino, dicen. Mi padre tomaba mucho, era mujeriego, machista. Esas cosas las vivía en la casa. Andar en la calle era una salida. Observaba, siempre he sido muy observador: más que hablar me gusta escuchar.

“El primer libro que leí fue “El llano en llamas”, de Juan Rulfo, un regalo de mi madre. Estaba la hacienda, yo iba y escuchaba historias como las de los colgados e imaginaba los postes de madera como los de teléfonos con gente ahorcada, o la de la novia plantada que me recordaba las películas de la época del cine de oro mexicano. Y me di cuenta que me gustaba escribir.

“Después vino la secundaria y la temática cambió por las chicas. Ya en la carrera, escribía contra dios, por la influencia de Nietzsche. Diría que, sinceramente, ha sido una vida sufrida la mía, por las pérdidas, hasta hace unos meses todavía, con la de mi madre”.

Después empezó a escribir poesía muy breve porque ya trabajaba, se dio cuenta que en ésta, “mientras menos palabras uses, va a ser mejor lo que digas”. Vino después “mi etapa de editor, que ha sido más complicada todavía”.

Alejandro Aparicio lleva ocho años en la edición de libros, un quehacer que él llama “la maldición”, porque, por ejemplo, “algunos poetas jóvenes me envían sus textos nada más para que los lea, pero una vez que llegan a mis manos, los empiezo a leer y ya voy rayando, quitando por impulso: es una maldición”.

–Vas a la Colonia Reforma y ves el gran establecimiento, cafetería, papelería, librería, dice, nada más falta que le agreguen “editorial independiente” y también NRDA. Lo que no checa es que se llamen “editorial independiente” cuando se trata de una empresa comercial totalmente en forma… en fin, platica el caso de Astromelia como editorial independiente— se le expone al escritor y editor.

–Regreso a Oaxaca en 2008 después de estudiar en la Universidad de las Américas y la Universidad del Claustro de Sor Juana. Ya había dado lecturas y tenía propuestas escriturales, empiezo a buscar editoriales en Oaxaca y no encuentro nada. Se es escritor, pero no puedes acabar el ciclo publicando porque no hay sellos. En aquella pseudo editorial independiente, no podía hacerlo, es de amigos, tenías que contar con varios libros publicados, fama de escritor, y pues no la tenía. Iniciaba.

“Decido abrir mi propia editorial, con todas las carencias, imprimiendo en word, sin conocimiento, pero con ganas de hacer las cosas”.

Enfatiza Alejandro Aparicio: “eres escritor, pero dónde publicas, en Oaxaca no hay espacios. Por esta problemática, hace unos días publiqué en mi Facebook contra esa pseudo feria, porque llevo 20 años como escritor y editor y es hasta estúpido que no escuchen mi nombre, y lo digo no por presunción, sino porque hago un chingo de eventos al año, estoy publicando, y no te invitan como autor, sino que te llega una invitación para la feria virtual como editorial para que seas parte de la venta del mercado.

“Es muy triste porque, recordando toda la trayectoria, yo he estado trabajando alrededor de ellos, que son el centro, pues son los que se están proyectando como feria del libro… y en ella no tenemos cabida los escritores oaxaqueños”.

Recuerda Alejandro Aparicio que él iba a esas ferias y se dio cuenta, en primera, que los escritores son déspotas, y luego, que siempre vienen los mismos amigos cada año, que se repiten y repiten, y que la mayoría no son buenos escritores, sino parte del marketing, nada más.

–Pero como ya nos vendieron la idea de que son lo máximo en México— se le acota.

–Hubo un año en que, pues protestando, apareció mi nombre y el de otros amigos en el programa, pero ni siquiera nos habían invitado con una llamada, aparecimos nada más. Y cómo íbamos a ir si no nos habían hecho una invitación formal, ya de perdida una llamada. Además que eran de esas presentaciones de las ocho o nueve de la noche en una mezcalería, cuando ya nada más vas a tomar…

Después de ocho años de existencia, Astromelia ha publicado 20 títulos por convocatoria. A la par de este sello, fue creado también el de Ediciones Libres, con el que han editado alrededor de 35 más, en este último una parte del costo lo pone el autor y el otro la editorial.

Todas las publicaciones de Astromelia las costea esta misma. “Funcionamos como una cooperativa”, de manera tal que la venta de una edición nos permite la publicación de otra. “Editamos una versión artesanal, diez o veinte libros, y otra económica, más accesible”. Y así.

–¿Por qué crees que la cultura no logre eclosionar en Oaxaca? En la Ciudad de México, a pesar de las mafias culturales, que las hay, aunque no se quiera aceptar, se ha logrado esa eclosión, pero aquí como que no.

–En cuanto a las editoriales independientes, a partir de 2013 surgieron algunas… sinceramente yo creo que en Oaxaca hay una carencia de poetas. Lo digo muy claro, en mi generación había muchos, pero desgraciadamente unos publicaron un libro y la mayoría no publicó nada, pero siguen con la etiqueta de poetas.

“Hace cuatro o cinco años se hacían muchos eventos y ahora ya no. Yo organizaba dos o tres veces por semana lecturas de poesía en la mezcalería ‘Los Amantes’. Llegaban escritores con trayectoria y jóvenes. Hoy tenemos una carencia de verdaderos poetas”.

–También hay apatía y más, pues hasta los que se dicen muy rebeldes y progresistas terminan en el monopolio de ya sabemos quién o trabajando en el emporio “altruista” o siendo asiduos de esos lugares y demás… pero no hay propuestas— se le comenta a Alejandro Aparicio.

–Yo iba a las ferias del libro y los escritores oaxaqueños que conocía estaban de edecanes. Ahora son las personas que tienen un puesto ahí, y pues dices, qué onda.

Nace la DILDO, a contra corriente del poder cultural en Oaxaca

 

 

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