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El peligro de la ignorancia

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Por: Dimas Romero González

Es inaudito el desenfrenado tropel de “transformaciones” que suceden en la cabeza del presidente. Los mexicanos debemos preocuparnos de estos peligrosos delirios, pero más que de ellos, de nuestras limitaciones como sociedad, para combatirlos de manera efectiva.

A riesgo de absolutizar erróneamente, creo que de manera general, los críticos que actualmente tienen el espacio mediático para hacer un análisis certero y dirigir a los sectores relegados y afectados por este gobierno hacia la construcción de la solución, no hacen más que timoratos aspavientos, como única respuesta a las superficialidades demagógicas, que por desgracia, son la base de la política obradorista. Veamos.

En una de sus terriblemente insoportables “mañaneras”, el presidente habló a troche y moche: primero de un billón de pesos que se ha recuperado por el combate a la corrupción, “no es necesario suspender las obras ni aumentar impuestos para comprar vacunas, se tiene para las dos cosas, porque no se permite la corrupción”, dijo; de ahí saltó al “avance histórico” que significa la decisión de Biden de cancelar la construcción del muro fronterizo, para luego seguir con que en México no se cumplen las teorías económicas de la acumulación de la plusvalía mediante la explotación de la fuerza de trabajo (¡!), porque aquí las grandes fortunas son producto de la corrupción; después, habló de la importancia que tiene nuestro país para el desarrollo de los países del norte de América, para evitar que Asia siga desarrollándose y, a la vez, que Estados Unidos siga cayendo; y por si faltaba señalar otro “gran logro” del obradorismo, dijo sentirse contento porque la gente está mucho más despierta que nunca, es un pueblo muy politizado, no hay analfabetismo político en México, es de los pueblos más conscientes del mundo. Delirante.

La realidad que no se puede ocultar por siempre, va demostrando lenta pero inevitablemente que el sustento de sus políticas son las chapucerías de un demagogo curtido por décadas en los estériles intentos de la izquierda por acabar de nacer.

A la luz de la época en que vivimos, convulsionada por la pandemia del COVID-19, vemos con alarma el ahondamiento de las contradicciones económicas y sociales del sistema neoliberal que antes de este mal sanitario eran ya de por sí intolerables, pero que ahora, ocultas en la baba de la demagogia, aparecerán con verdadera violencia una vez que sea insostenible el alto grado de pobreza e injusticia. Entonces, la furia y la rabia sacudirán a nuestro país, que se encontrará a merced de los peligrosos experimentos sociales que en las sombras de los radicalismos, esperan el momento de la desesperación, para asentar sus reales.

Y aquí es donde los obligados a entender la situación cometen un crimen fatal: víctimas de sus limitaciones económicas y políticas, embotados en la comodidad del sistema que de alguna manera los benefició, se vieron impedidos para cultivar la crítica y la solidaridad con los menos favorecidos, y hoy, obnubilados con los señalamientos que se hacen a los excesos y a la corrupción que en efecto ocurrieron, y abrumados con las teorías ramplonas que les despacha la demagogia obradorista, no aciertan a entender su papel histórico de vanguardia en la concientización de las masas populares. Éstas, que han vivido eternamente relegadas, hoy escuchan invocar su nombre y se sienten valoradas por primera vez por alguien en el gobierno, y ante la espada de la justicia que sus aduladores dicen blandir contra los opresores de siempre, su instinto de clase las empuja a ver en el presidente al salvador, por tanto tiempo esperado.

Ante esto, los analistas, politólogos y críticos, pertenecientes en su mayoría a las altas esferas de la política, se muestran imposibilitados de entender que la realidad tan cruda y descarnada que enfrentan esas grandes mayorías, es la prueba de que quien los adula e insufla, es en realidad el nuevo verdugo al servicio de los poderosos de siempre, y por tanto, que el arma y los argumentos para concientizar al pueblo de México, está frente a sus ojos.

Por nuestra parte, a pesar de la cerrazón y bloqueo por parte de los grupos de poder y de los grandes medios de comunicación que nos niegan los espacios de opinión, sostenemos que el origen de la riqueza no es la corrupción, como sostiene el Presidente, sino el sistema capitalista que en su fase neoliberal, se sostiene sobre la explotación de la fuerza de trabajo y la acumulación del producto de ésta en pocas manos, y esa necesidad insaciable, empuja a los gobiernos a su servicio, a dejar que los trabajadores vivan sólo del producto de su propio esfuerzo, sin que se destinen recursos del erario para garantizarle salud, educación, vivienda ni cualquier otro servicio básico, provocando que viva en condiciones infrahumanas.

Sostenemos también que los mexicanos debemos confrontar los discursos del Presidente con los hechos, criterio único de verdad. Al hacerlo, veremos que su discurso político en realidad opera en favor de los grandes capitalistas y no de los pobres a los que dice defender. Así se explica que no se aplique una reforma a la política impositiva para que pague más impuestos quien gana más; que no se suspendan los grandes proyectos como el Tren Maya, la refinería de Dos Bocas o el Tren Transísmico, para invertir en políticas serias y suficientes de combate a la Pandemia, y mucho menos se destinen recursos en programas alimenticios o de apoyo monetario a quienes han perdido su trabajo o cerrado su empresa.

Así se entiende también, que se siga insistiendo en que los programas de transferencia monetaria directa son tan efectivos que permiten no sólo combatir la pobreza, sino ayudar a las familias a que enfrenten la crisis sanitaria. Estudios científicos de organismos internacionales como el CONEVAL, la CEPAL o la OXFAM, insisten que no se combate la precariedad con asistencialismo, sino creando empleos bien remunerados para la clase trabajadora y generando un estado de bienestar social que se responsabilice de garantizar los derechos humanos básicos a la población. Y denuncian que los efectos de la pandemia son devastadores en nuestro país, como producto precisamente de esa equivocada política de combate a la pobreza.

Finalmente, y a pesar del bloqueo contra nuestra participación en el proceso electoral actual, insistimos en que urge la participación activa de las mayorías afectadas por este injusto sistema económico, lo cual implica la formación de una nueva fuerza política, basada en la unión de los sectores con deseos de progreso verdadero, cuya participación ya no será la de simples votantes, sino de agentes activos que proyecten a los mejores hombres y mujeres para que desenmascaren la política demagógica de la 4T y cumplan el verdadero papel de vanguardia progresista que tanto urge a nuestra dolida patria.

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