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Elecciones 2021 en México, marcadas por la violencia política y la disputa por la continuidad de la 4T

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El domingo 6 de junio del presente año se realizarán las elecciones más grandes en la historia de México. Se consideran así porque se eligen 500 cargos federales, 300 diputaciones de mayoría y 200 de representación proporcional, y más de 20 mil 300 cargos locales, incluidas 15 gubernaturas en los siguientes estados: Baja California, Baja California Sur, Campeche, Chihuahua, Colima, Guerrero, Michoacán, Nayarit, Nuevo León, Querétaro, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tlaxcala y Zacatecas. A estos comicios acudirán a las urnas cerca de 94 millones de personas en edad de votar.

En Oaxaca se renovará el Congreso Local, es decir se elegirán 42 diputaciones, 25 de mayoría relativa y 17 de representación proporcional. Así también, se elegirán 153 presidencias municipales, 1,070 regidurías y 162 sindicaturas. Se espera que en Oaxaca acudan a votar más de 3 millones de personas.

Estas elecciones tienen una característica particular, se realizan en medio de una pandemia. A un año de haber iniciado la emergencia sanitaria, los números en México preocupan. De acuerdo con el mapa de la Secretaría de Salud, el número de contagios alcanza los 2 millones 306 mil casos y, hasta esta fecha, 212,466 personas han fallecido. No se puede analizar el actual proceso electoral sin la variable de la emergencia sanitaria.

La otra particularidad de estas elecciones es que se realizan a mitad de período del gobierno de la Cuarta Transformación. Conocidas como “elecciones intermedias”, los resultados de la jornada electoral del 6 de junio, fijarán el rumbo del país hacia la segunda mitad del mandato de Andrés Manuel López Obrador. Este componente le da sentido de una contienda donde se juega “el todo por el todo”.

Violencia política

La violencia “a secas”, la violencia política por razones de género y la violencia derivada de la penetración del crimen organizado en las campañas, han impactado en el proceso electoral. Llama la atención que en las últimas décadas este fenómeno se ha apoderado de las contiendas electorales. En cada elección, los números de la violencia crecen, el actual proceso ya se considera el segundo más violento del presente siglo. Hasta el momento se han registrado más de 140 incidentes de violencia y 64 personas, ya sean candidatos, candidatas o militantes de partidos políticos, han sido asesinados, esto de acuerdo con el reporte de Integralia Consultores.

La violencia contra las mujeres se ha trasladado al terreno de la política. En Oaxaca hay al menos dos casos que han impactado en la escena pública nacional. El asesinato de Ivonne Gallegos, precandidata a la presidencia municipal de Ocotlán de Morelos; y el caso de la desaparición de Claudia Uruchurtu mientras realizaba una protesta en contra de la presidenta municipal de Asunción Nochixtlán, Lizbeth Victoria Huerta del partido Morena.

Los procesos electorales se evalúan por el número de muertos que arrojan y en este proceso estamos ante un complejo escenario que se combina con el clima de violencia que existe en el país, la intensa actividad del crimen organizado en la política, la delincuencia de cuello blanco, los poderes económicos y fácticos, este escenario prefigura que el actual proceso electoral estará marcado por la violencia y el crimen.

José Agustín Ortiz Pinchetti, titular de la Fiscalía Especializada en Delitos Electorales, señaló que estas elecciones pueden ser del crimen organizado de cuello blanco. Esto puede estar orientado para fortalecer los grupos de poder en el país. Hay una fuerte disputa que puede llevar a una violencia política mucho más profunda de la que hemos tenido en otros momentos.

La disputa por la continuidad de la 4T

Estamos frente a lo que se conoce como “elecciones intermedias”, en estas elecciones Morena y Andrés Manuel López Obrador se juegan la otra mitad del sexenio y la continuidad de la Cuarta Transformación. De ello dependerá si hay una segunda etapa de la 4T. Esto tiene como consecuencia una gran disputa que existe entre los diferentes sectores políticos. Hay un enfrentamiento dentro de la clase política, tan fuerte que el propio presidente de la República está dirigiendo la campaña política de Morena. Por otro lado, el empresario Claudio X. González, se comprometió a apoyar con dinero a la coalición PRIANRD. En estas elecciones veremos nuevamente dos proyectos confrontados: la continuidad de la 4T frente al regreso de la partidocracia.

Aquí, el debate que existe es si realmente Morena ha empujado los cambios que el país demanda. Existe una duda fundada sobre si frente a lo que estamos es realmente ante una transformación de la vida pública. Por un lado, Morena ha golpeado a algunos sectores que gozaban en el pasado de grandes privilegios: un sector del empresariado, la prensa y medios de comunicación, la “burocracia dorada”; se han impulsado acciones de vital importancia para beneficiar a los empobrecidos de este país como el aumento al salario mínimo, el apoyo a jóvenes, personas con discapacidad y personas de la tercera edad, y algunos de sus programas sociales.

Sin embargo, por otra parte, durante este período de la 4T se han empoderado a las fuerzas armadas, se ha confrontado a movimientos sociales como el ambientalista y el de mujeres, se ha cooptado a instituciones como la CNDH, el TEPJF y el Poder Judicial. El embate contra las organizaciones de la sociedad civil, periodistas independientes y personas defensoras de derechos humanos, a quienes se ha calificado como “conservadores” desde Palacio Nacional.

Estamos, una vez más, ante la disyuntiva de seguir apostando por los cambios y las promesas de la transformación, que llegan a cuentagotas, o regresar al pasado que tampoco es muy distinto al presente. Morena está llamando a un voto masivo por sus candidatos, pero sus candidatos, sus alianzas y sus propuestas, no parecen ser realmente la esperanza de México. La oposición está llamando a poner un freno al presidente, sin embargo, tampoco las prácticas corruptas y mafiosas del pasado parecen ser el camino más adecuado. Las elecciones y sus resultados, sin duda, fijarán el rumbo del país.

Antesala de la elección a gobernador en Oaxaca

Hoy las elecciones también son la antesala y configuran el escenario para las elecciones gubernamentales. Observamos una reconfiguración en lógica 2024. Se prevé un escenario interesante en torno al movimiento creado por diversas organizaciones sociales cercanas a la izquierda, el movimiento por la Transformación de Oaxaca. La candidatura de Francisco Martínez Neri para la presidencia municipal de Oaxaca de Juárez, anuncia esta posible candidatura al gobierno de Oaxaca en 2024. Su oponente priista de la misma municipalidad Javier Villacaña, está en esa misma orientación. Aunque se ha mencionado en reiteradas ocasiones que el candidato apoyado por el PRI y el clan Murat sería Raúl Bolaños Cacho Cué, actual senador de la República por el Partido Verde.

Oaxaca ha sido un enclave para el proyecto de la 4T, los programas sociales y las obras de infraestructura han sido proyectos lucidores del actual régimen, no obstante, también este mismo proyecto enfrenta resistencias en el Istmo de Tehuantepec con el Canal Interoceánico, o bien con proyectos como Paso de la Reina y Río Verde, donde sus pobladores se han opuesto a la construcción de represas en la región.

Estas elecciones definirán también el rumbo que tomará Oaxaca en los próximos años.

La ciudadanía y la sociedad civil

Desde la trinchera de la sociedad civil, ha habido una apuesta histórica en fortalecer la institucionalidad en el país y promover la participación ciudadana, esas vías en la actualidad están desgastadas. Cada vez se impulsan menos espacios de “participación ciudadana”, sin embargo, los espacios que existen son un real contrapeso a las políticas públicas del actual gobierno. El reto que existe en la actualidad es movilizar a este sector para impulsar los cambios que ha quedado a deber la Cuarta Transformación, y a su vez para involucrarse en el proceso electoral, con una mirada crítica y propositiva, qué es aquello que sí queremos de la 4T y qué es aquello en lo que discrepamos. En esta coyuntura electoral corresponde a la sociedad civil hacer más visibles sus agendas y pugnar por los cambios que se han venido impulsando desde hace décadas.

Escenarios y tendencias

1.- Hay una tendencia generalizada en este proceso electoral de NO regresar al pasado. Ese pasado donde predominó la corrupción, la opacidad, el autoritarismo, la violencia, la desigualdad. Esa noción está suficientemente clara. Para que esta tendencia se materialice la única posibilidad sería lograr el control del Congreso Federal. Esto implicaría que Morena y sus aliados ganaran por abrumadora mayoría las elecciones federales. Este escenario es, quizá, el más factible debido a las altas preferencias que tiene aún en la ciudadanía el presidente de la República.

2.- Existe también la tendencia, impulsada por algunos sectores de la sociedad, de un Congreso dividido. Esto, señalan, sería establecer muros de contención al régimen “destructivo” de la 4T. Para que este escenario sea factible, las fuerzas opositoras tendrían que lograr subir sus niveles de preferencia y presentarse realmente como una alternativa al partido Morena. Un Congreso dividido, implicaría un proceso de negociación en la toma de decisiones sobre presupuesto público, o bien, sobre reformas a la Constitución, entre otras decisiones del Congreso. Este escenario es menos factible, pero no imposible, dependerá del desarrollo de las campañas.

3.- Una tercera vía es la de la ciudadanía. Esta vía consiste en que sea realmente la fuerza de la ciudadanía que se apodere de los procesos electorales. Depositar la fuerza política no en los partidos sino en las expresiones ciudadanas que marcan agenda: género, medio ambiente, defensa de los territorios, combate a la violencia y mejoramiento del empleo. Existen múltiples agendas que han quedado supeditadas a las grandes transformaciones. Esta tendencia consiste en desarrollar cambios desde el ámbito local, incluso buscar candidaturas que realmente representen intereses de comunidades y regiones. Esta tendencia implica trabajar dentro y fuera del marco electoral. En este escenario no importan tanto los cambios de partido en el poder, sino las transformaciones que se pueden dar en los ámbitos comunitarios.

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