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CARPE DIEM | El búnker

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NÉSTOR Y. SÁNCHEZ ISLAS

Fue proyectado para integrar a un barrio y promover inversiones y cultura, pero su principal función, desde su inauguración hace cuatro años, es la segregación.

El proyecto es extraordinario, pero hasta hoy solo es eso, un proyecto. El Centro Cultural y de Convenciones de Oaxaca, CCCO, no es ni cultural ni de convenciones ni de convivencia de barrio, es un centro para eventos políticos.

Ahí adentro, con altos muros de por medio y un enrejado no contemplado en el proyecto original, sin que nadie los moleste, aislados de la realidad del pueblo al que dicen representar, se gobierna en la soledad y la intrascendencia histórica.

Las canteras de Ixcotel, hoy convertidas en la Ciudad de las Canteras, fueron hasta hace unos pocos años una zona marginal y peligrosa. En esas fosas creadas por la extracción de la piedra se cometieron muchos crímenes. Su mala fama fue histórica, pero al igual que el barrio de Jalatlaco, que también fue zona de peligro, hoy se le puede cambiar por un rostro amable y turístico.

En el sitio que hoy ocupa el búnker estuvo un espantoso estadio de futbol, que nunca se concluyó, construido durante el gobierno de Heladio Ramírez. Estaba integrado con otros espacios deportivos, muy descuidados, y una calzada peatonal que llegaba a la carretera internacional. Al igual que el teatro “Álvaro Carrillo”, fue demolido. Una maldición persigue a las obras de aquel gobernador que la historia debería olvidar. Pregunta: el destino de los escombros de la demolición no es conocido, y es delicado porque son residuos contaminantes. ¿Dónde los tiraron?

El CCCO es una buena obra que hace juego con el edifico de los Archivos Históricos de Oaxaca, el mismo arquitecto español, Ignacio Mendaro Corsini, proyectó ambos como parte de un plan maestro de rescate de toda la zona, incluido el barrio a su alrededor. Como es de suponer, dada la importancia de los documentos guardado en los archivos, está plenamente justificado que el acceso a éste sea restringido, pero no a todo lo que resta del parque.

Previa a la inauguración la prensa fue invitada a un recorrido triunfal por el magnífico edificio. Las puertas fueron abiertas de par en par y la caminata incluyó todos los rincones, desde un mirador en lo alto hasta las cisternas para recolectar agua de lluvia. En palabras del arquitecto Mendaro, la principal característica diferenciadora de otros edificios similares en el mundo, es que éste, “estaría vivo en todo momento”.

Un centro de convenciones convencional siempre está cerrado y muerto cuando no hay eventos, pero este no, la losa del techo se aprovechó para construir cinco canchas deportivas para que la gente del barrio pueda disfrutarlo de forma continua”. Creía en esos días el constructor que habría puestos de memelas, tlayudas y hasta un restaurante de alto nivel para gente más acomodada, un plan utópico para la convivencia social.

Ahí adentro, aunque usted nunca lo haya visto, existen salas de prensa y reuniones, auditorios, una gran cocina industrial, área de proyección de videos, un teatro al aire libre y un auditorio cerrado, además de los pequeños y viejos conocidos lagos de agua estancada y, en algunas partes, lugares arbolados.

El búnker ha sido usado para eventos como la Feria del Libro o la del mezcal. Se han desarrollado algunos pequeños eventos académicos y algunos culturales, pero la gran mayoría de tiempo de uso ha sido para eventos políticos, y sus pisos y muros lo gritan por el maltrato al que están sometidos. En esto, la historia del CCCO y del teatro Macedonio Alcalá se parecen. El teatro, construido para usos artísticos pronto fue usado para mítines políticos, cine, lucha libre, graduaciones o bailes. Tuvo que haber un rescate de ese patrimonio y hoy luce en todo su esplendor. El CCCO apenas tiene cuatro años, pero ya necesita un rescate.

El barrio que lo rodea ha recibido algunos beneficios, como la mejora de sus calles, sin embargo, como es costumbre en Oaxaca, con esas mejoras también están presentes las mafias de los ambulantes y de los taxistas, que se han apropiado de buena parte de las calles.

El plan maestro de la Ciudad de las Canteras incluye tres etapas. Se terminó, afortunadamente, el Archivo Histórico, pero el CCCO no lo está. No está listo el teatro al aire libre, ni el paseo acuático por los laguitos, ni el teatro en las rocas, ni el estacionamiento. La falta de presupuesto para concluirlo es evidente y, como todo las obras de gobierno en Oaxaca, se quedan a medias durante varios sexenios.

El gobierno estatal carece de los fondos propios necesarios, depende de las aportaciones federales que el día de hoy están todas concentradas en las obras faraónicas, e inútiles, del presidente. La promesa de entregar un centro cultural que fomentara la convivencia social y sirviera al pueblo de Oaxaca no se cumplió. Ojalá no corra la misma suerte que el estadio: inconcluso para siempre.

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