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CARPE DIEM | Cocoliztli

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NÉSTOR Y. SÁNCHEZ ISLAS

Como desde el inicio de la pandemia de Covid, la respuesta del gobierno ha sido, y sigue siendo, mala, sin rumbo y muy lenta y, a pesar de ello, se pretende iniciar el nuevo ciclo escolar de forma presencial.

Existe prisa por parte de las autoridades por echar a andar el sistema educativo y toda la industria que gira a su alrededor para ayudar a la reactivación económica dado que, de los estudiantes y sus padres, dependen millones de personas que fabrican uniformes, zapatos, lápices, cuadernos, libros, mochilas, transporte público y hasta gel para el cabello que las mamás usan por toneladas para peinar a sus niños.

La razón económica es muy poderosa, pero la mayoría pensamos que no están dadas las condiciones para un regreso seguro por varias razones, entre ellas, la gran cantidad de personas que aun no se vacunan y el estado de abandono de las instalaciones escolares después de un año y medio sin clases. A esto debemos sumar la crisis económica que impide a millones de padres no poder comprar todo lo que la escuela demanda, a la falta de medicinas y hospitales disponibles en caso de contagio y las propias resistencias de los maestros y demás personal.

En Oaxaca la autoridad educativa hará lo que diga el sindicato de maestros, y éste ya dijo que no. En esta ocasión estoy de acuerdo, en estos días se han roto todos los registros oficiales de contagios y, aunque en los jóvenes la enfermedad es menos severa, ya están aumentando los casos graves entre menores de edad, en donde algunos han perdido la vida por Covid. No hay necesidad de precipitar las clases presenciales, está totalmente justificado.

No podemos dejar de lado que el gobierno se ha equivocado en todo en esta emergencia, empezando por la gravedad de la situación, que minimizó como una pequeña gripa en sus inicios. Tampoco olvidamos sus fallidas estimaciones de fallecimientos que, en números del doctor Hugo López Gatell, serían en un escenario catastrófico 60 mil personas; hoy la cifra oficial rebasa los 245 mil y la no oficial alcanza el medio millón.

No olvidamos que dejó sin ayuda a millones de pequeñas empresas, muchas de las cuales cerraron definitivamente y provocaron un desempleo dramático. Tampoco el hecho de pretender solucionar los problemas económicos de las empresas otorgando ridículos préstamos de 25 mil pesos y aumentando el dinero entregado en sus programas sociales. Ninguno de los dos funcionó porque ni siquiera se implementaron al 100%. De plano, confiar en lo que dice el gobierno es arriesgar la vida.

Hoy, como hace 500 años estamos en medio de un grave crisis sanitaria.

Acorde con la celebración de los 500 años de la caída de Tenochtitlan hablemos de unos de los aliados de los españoles, uno del que casi no se habla: los virus y bacterias que trajeron y que provocaron catastróficas epidemias que casi acabaron con la población indígena. Una de estas epidemias fue llamada “cocoliztli”, algo así como “enfermedad mal oliente”. No fue viruela, ni sarampión y durante casi 500 años fue un misterio qué causó esas epidemias en 1545 y 1576.

El cocoliztli provocaba una serie de síntomas, según describen los médicos de entonces, que podrían confundirse con varias enfermedades, pero definitivamente no fue sarampión ni malaria, ni peste. El patógeno causante y su origen fueron durante casi 500 años un absoluto misterio.

La noticia no tuvo la trascendencia que ameritaba, pero de forma involuntaria Oaxaca tuvo mucho que ver con la solución del enigma.

Científicos alemanes del Instituto para la Ciencia de la Historia Humana, de la Universidad de Harvard de Estados Unidos e investigadores del INAH, con apoyo de la Fundación Harp Helú, realizaron excavaciones en el yacimiento prehispánico de Yucundaa, en Teposcolula, Oaxaca, en diferentes temporadas al inicio de este milenio. Entre otros hallazgos localizaron las fosas en donde enterraron entre 800 y 1200 personas en las que se tenía la constancia histórica de que habían fallecido víctimas del cocoliztli. En aquello años Teposcolula era una población mixteca muy importante.

Con avanzados equipos y tecnologías estudiaron la médula de los dientes y pudieron encontrar en 24 individuos la huella genética, el ADN, de la “salmonella entérica” una especie de paratifoidea que fue la que provocó las dos grandes epidemias. No fue un virus, fue una bacteria que hoy es posible curar con medicamentos más o menos económicos. Los científicos resolvieron un enigma, pero aparecieron otros, como el hecho de saber si la tifoidea ya existía en México o llegó con los españoles.

La importancia del hallazgo se pierde entre los ríos de información sobre violencia en que vivimos nuestro día a día o la eterna crisis económica que nuestros bolsillos padecen. La educación, la investigación y difusión científica no es algo que le importe mucho a este gobierno, pero eso sí, está empeñado en llenar las escuelas otras vez. Esperemos que los panteones no.

Twitter @nestoryuri

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