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CARPE DIEM | Salida fácil

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NÉSTOR Y. SANCHEZ ISLAS

La ejecución del proyecto de salida al aeropuerto pretende ser la salida fácil de un gobierno urgido de inaugurar obras para justificar su paso a la historia.

Necesitamos salidas fluidas de la ciudad, todas son un caos en las horas pico. El problema no es la modernización, sino la pretensión de hacerlo a un costo ambiental que no aceptamos.

Los embudos que cada salida de la ciudad padece tienen su origen en el enorme crecimiento poblacional, la urbanización anárquica carente de planeación, la gran cantidad de autos, la falta de un transporte público seguro y decente y, por supuesto, la corrupción.

En sexenios pasados se promocionó y apoyó una política urbana de crear ciudades dormitorio. Se creyó que, construyendo grandes fraccionamientos lejanos de la ciudad y de los centros de trabajo, se abarataría la construcción y habría disponibilidad de viviendas.

Esas malas políticas públicas salieron carísimas. Hubo que construir mucha infraestructura y llevar servicios a lo que fueron campos de cultivo. Introdujeron agua, drenaje, luz y teléfono, pero no construyeron ni ampliaron las vialidades.

Fue tan malo ese modelo de urbanismo que las constructoras que los ejecutaron se fueron a la quiebra. No solo en Oaxaca, en todo el país existen miles de viviendas abandonadas por la lejanía de sus centros de trabajo.

La oposición de muchos oaxaqueños no es a la modernización, sino a la tala de árboles justificada por una visión cortoplacista y una necesidad política.

Los árboles cumplen muchas funciones, además de proporcionar el indispensable oxígeno. En su follaje anidan miles de aves y de insectos, retienen nutriente de los suelos, crean microclimas que ayudan a mitigar las ondas de calor, evaporan humedad y atraen lluvia y, por si fuera poco, sus hojas retienen micropartículas que dañan nuestros pulmones al respirarlas.

Y no solo eso, entre más grandes y frondosos sean, más nos ayudan. Por eso mismo es tan condenable que pretenden eliminar cientos de frondosos laureles y sustituirlo por varas de ornato como lo hicieron en la calzada Porfirio Díaz y en otras calles en donde han prometido reponer árboles. Muchas de esas varas se quedan en eso, en varas secas.

Sí pretenden sembrar árboles en lugar de lo que eliminarán, deberían ser álamos pues son los más indicados por el tamaño de sus hojas que, además, nos regalan una sombra indispensable para soportar las caminatas durante los meses de primavera y verano. El tamaño del árbol importa, e importa mucho.

Además de los árboles hay muchas otras víctimas invisibles de esta modernidad. Los perros y la poca fauna que por ahí anide, como gatos, conejos o tlacuaches, que son atropellados de forma frecuente. Si los choferes no frenan cuando una persona cruza la carretera, menos lo harán por un pequeño animal.

El trazo actual tiene seis carriles, tres por cada sentido. Y lo que satura el tráfico son los insufribles taxis foráneos, los camiones suburbanos y urbanos, los mototaxis y los motociclistas, muchos de ellos auténticos suicidas. Hay muchos semáforos y topes, casi no hay curvas ni pendientes.

Es una zona muy accesible y estable, por lo que podrían existir otras soluciones de ingeniería que respetaron el arbolado. Quizá los pasos a desnivel y la estricta regulación de los carriles para taxis y urbanos sean una buena alternativa. El choque térmico provocado por el pavimento y los autos justifica plenamente la vida de todos y cada uno de esos árboles que ayudan a contenerlo.

Las marchas y protestas de vecinos no solo son para defender a los árboles, también porque fueron ignorados. Simplemente un día se anunció el inicio de las obras y, si no hubieran alzado la voz, nadie hubiera reparado en ellos.

Teniendo el gobierno un área de comunicación social no se les ocurrió usarla para los fines para lo que fue creada. La usan para pulir la imagen del mandatario, pero es no es su función. La verdadera función de esas áreas está en la generación y creación de consensos y disensos, la difusión de programas en beneficio social como campañas de vacunación y, con el uso de las relaciones públicas, “socializar” proyectos de alto impacto. Del enorme presupuesto que disponen las áreas de comunicación social y relaciones públicas muy poco se ha usado en beneficio social y mucho en la promoción de la imagen del mandatario.

El rechazo a la obra merecido lo tiene el gobierno. La prisa con que quieren terminar una serie de obras nos previene de que, probablemente, no están bien planeadas y, como muchas obras de gobierno, serán mal ejecutadas. Es casi seguro que quedarán a medias por dos razones obvias: la falta de dinero y de tiempo.

Es cierto, la obra de la salida al aeropuerto es necesaria, pero también lo son los árboles, y la protección a ciclistas y peatones.

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