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miércoles, diciembre 8, 2021
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Opinión CARPE DIEM | Sueño interoceánico

CARPE DIEM | Sueño interoceánico

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NÉSTOR Y. SÁNCHEZ ISLAS

Con el ánimo de convencernos de las bondades del multiplaneado corredor transístmico, y como es habitual por parte del gobierno, se habla con verdades a medias y, a veces, mentiras absolutas. El corredor es bueno y es necesario, pero no es necesario arroparse en una falsa supremacía nacionalista que intenta proteger del ambicioso extranjero las tierras estratégicas del istmo de Tehuantepec; un victimismo lacrimógeno.

El proyecto es más que una modernización de las vías y de los puertos marítimos de la zona, puesto que incluye un amplio, muy amplio plan inmobiliario, con todos los grandes negocios que implica el desarrollo de terrenos y, por último, la invitación y establecimiento de grandes industrias en ese mismo corredor.

Poco se habla porque no conviene al discurso nacionalista, pero el corredor de Tehuantepec no es la única posibilidad de un paso abreviado entre océanos. En Guatemala, en Honduras, en Nicaragua y hasta en Costa Rica se dan condiciones para hacerlo, y el tramo es más corto, además. No es falso, pero se exagera al pretender que nuestro istmo es la única opción para los intereses de los Estados Unidos, China o el gran capital.

El plan consiste en tres etapas y, probablemente, la única que eche a andar el gobierno federal solo sea la primera, la que consiste en mejorar una vía que ya existe desde los tiempos de Porfirio Díaz. Los parques industriales y energéticos, con la desconfianza que genera esta administración, seguramente se quedarán en sueños.

Por planes no han faltado. En 1980, López Portillo lanzó el Plan Alfa Omega, que no se concluyó. Luego vino el Programa de Desarrollo de Ernesto Zedillo; tampoco se concluyó. Vicente Fox trajo el Plan Puebla Panamá; tampoco se concluyó. Calderón impulsó el suyo propio, el Proyecto de Integración y Desarrollo de Mesoamérica; tampoco se concluyó. ¿Y que creen? El plan de Peña Nieto, de las Zonas Económicas Especiales tampoco se concluyó. Todos han sido sueños sucesivos de cada alfa y omega sexenal.

Como se acostumbra en la 4T, las cosas se hacen sobre las rodillas. El plan maestro se encargó a una empres de Singapur, que no se sabe si ya lo entregó, pero las obras arrancaron sin él. También se saltaron la Manifestación de Impacto Ambiental, que el mismo gobierno terminó por auto disculparla para trabajar sin ella. También las consultas a las comunidades llegaron después del inicio de la obra. La improvisación es el sello de la casa. Si bien las vías del ferrocarril no tienen problemas, las tierras de los proyectados parques si los tienen porque invaden zonas comunales y ejidales.

La oposición a los parques eólicos nos dará la vara con que habrá de medirse la oposición a los parques industriales, la ampliación a cuatro carriles de la carretera o la construcción de un nuevo gasoducto con un ramal que llegaría a Tapachula.

La gran industria petroquímica asentada en la zona es un atractivo, pero también un riesgo de devastación ambiental. De lo que tampoco se habla es de los proyectos mineros, mismos de que a pesar de ser necesarios para abastecer las materias primas, también son depredadores del ambiente.

Los planes del gobierno y los discursos oficiales toparán con pared. Y es una paradoja porque los agitadores que siempre se oponían por consigna son ahora el gobierno. Todo lo que han sembrado durante años ahora se les revierte en fuerte oposición. La mediatización ideológica que han llevado a cabo durante décadas hoy la tienen en contra. Muchos grupos se oponen en automático a cualquier inversión solo por el hecho de considerarla privada, neoliberal y capitalista.

Estos grupos no entenderán razones, ya están muy politizados para oponerse a todo, las excusas no faltarán, algunas tan ridículas como el hecho de que la velocidad con que se desplacen los trenes alterará su forma de vida, un razonamiento similar al de que las turbinas eólicas les roban el viento.

Dice AMLO que es hora de traer el progreso al sur del país, lo dice quien se dedicó a bloquear pozos petroleros, impulsar la negativa de pagar por la luz y realizar toda clase de bloqueos y actos vandálicos contra la propiedad privada.

Sin embargo, hay algo aún más importante. Para todo este tipo de proyectos lo más importante es el capital humano. Y es precisamente lo que ha destruido la agitación social permanente. En esta zona del país, la cultura laboral es muy pobre. Y contra esto lo único que se puede hacer es educar a las nuevas generaciones y esperar, por lo menos, unos 30 años para un cambio de mentalidad.

La aridez del capital social que han provocado lustros de agitación son el principal impedimento para cualquier gran plan. Salina Cruz seguirá siendo un puerto “ya casi” por mucho tiempo.

Twitter @nestoryuri

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